
Nota: tanto las fuentes citadas como los subtítulos de los videoclips enlazados a lo largo de este artículo están en inglés, ya que fue originalmente escrito e investigado en ese idioma. Las letras de las canciones que cito en el artículo son traducciones a partir de la traducción al inglés, más fácil de conseguir de fuentes fiables.
Mi viaje comenzó con un artículo en +972 Magazine del rapero, actor, guionista y activista palestino Tamer Nafar, de quien no había oído hablar antes. En el artículo, compartía la visión cruda y desilusionada de alguien que se cuestiona qué pueden hacer realmente la música y el arte contra un genocidio en proceso. “Antes creía que el arte podía cambiar el mundo”, escribe, “ahora siento que es como la caja negra de un avión: no va a guiar el aterrizaje, solo puede documentar el impacto”. Más adelante, procede a recopilar una lista de canciones a modo de su “caja negra”, que os animo encarecidamente a visitar.
Fue a través de este sobrecogedor artículo que descubrí por primera vez su canción “Tuz Tuzzen”, que vendría a ser “lo que sea” o “qué más da” en árabe. Con un tono de sátira subrayado por una base francamente pegadiza, trata lo que él describe como “la impotencia que sentimos nosotros, ciudadanos palestinos de Israel, mientras el Estado al que pagamos impuestos masacra a nuestro pueblo a tan solo unos kilómetros de distancia”.
Lo ilustra con la letra:
Para pagar un préstamo, coge otro préstamo, incluso dos, qué más da,
nos vamos de este mundo sin nada. Gana 100 pavos y Hacienda se zampa 200,
con 100 bombardea Gaza y el resto, ya sabes dónde se lo meten.
Y aquí estoy, atrapado en mi cabeza.
A veces huyo, a veces me quedo quieto.
Incluso cuando las dificultades son más de lo que puedo soportar,
me quedaré aquí, obstinado.
Éste sería mi primera toma de contacto con su talento, y es solamente un ejemplo. Su perfil en redes está lleno de rap y activismo, fluctuando sin esfuerzo entre la sátira oscura y verdades devastadoras.
Volveremos a este Nafar. Pero primero, retrocedamos un par de décadas.
A finales de los 90, un Tamer Nafar de 19 años fue a un estudio de grabación en su ciudad de Lyd, al sureste de Tel Aviv, llevando a su hermano Suhell con él. Allí, Tamer se hizo al micro con entusiasmo para grabar algunas rimas por primera vez. Estas serían las semillas de DAM, el primer grupo de hip hop palestino y uno de los primeros en rapear en árabe.
¿Cómo sabemos cómo fue esa primera sesión de grabación? Pues resulta que los hermanos llevaban una cámara con ellos, y unos años más tarde la directora y artista Jackie Reem Salloum reuniría esos vídeo como parte de su documental “Slingshot Hip Hop”, uno de mis descubrimientos favoritos a raíz de la investigación para este artículo. Estrenado en 2008, es una joya del cine documental que sigue los inicios del hip hop palestino bajo ocupación israelí, acompañando a varios jóvenes raperos en sus trayectorias a través de sus restringidas geografías, y mostrando el impacto y la relevancia del rap como herramienta social de resistencia y solidaridad.
También resulta desgarrador de ver a día de hoy, ya que nos recuerda cómo era la situación en Israel y Palestina en los años 2000, sabiendo en lo que se ha convertido hoy. Uno no puede ver las imágenes de Gaza en el documental sin ser consciente de que la mayoría de esos edificios ahora son escombros.
En cuanto vi el tráiler del documental, me volví loco tratando de encontrarlo online, y me puse eufórico al descubrir que estaba disponible en streaming en la plataforma Cinelogue. Lo recomiendo muchísimo.
“Siempre hubo algo que nos encantaba del hip hop, pero los videoclips que veíamos solo se centraban en el ‘bling’”, nos dice la voz de Suhell durante la película, “pero entonces vimos un vídeo de Tupac Shakur”. Se refiere al videoclip de “Holler If Ya Hear Me”, del fallecido rapero estadounidense Tupac Shakur, conocido como 2Pac.
“Parecía que lo había filmado en nuestra ciudad natal, Lyd”, dice Suhell, “aunque no sabíamos inglés y no entendíamos las letras, hicimos la conexión”.
La ciudad mixta árabe-judía de Lyd es bien conocida por sus altas tasas de criminalidad y una fuerte presencia de consumo y tráfico de drogas. Para los hermanos Nafar, aunque estuviesen a continentes de distancia, Lyd era evocada en el vídeo de 2Pac. Se trataba de un himno de protesta y revolución sobre la discriminación contra las poblaciones negras en Estados Unidos, pero Tamer y Suhell se identificaban fácilmente como árabes en el Estado de Israel.
“No éramos muy políticos en aquel entonces”, recuerda un Tamer algo más mayor, “no hablábamos de política porque aquí todos saben que si lo haces, te arruinas. Yo solo quería éxito en la música”.
Esta ingenuidad inicial no es arbitraria. Ambos hermanos nacieron como ciudadanos del Estado de Israel, descendientes de familias palestinas que se quedaron o que acabaron en lo que se convirtió en Israel en 1948, a diferencia de las más de 700.000 personas que fueron masivamente desplazados a países vecinos, el West Bank (Cisjordania) y Gaza, que quedarían bajo ocupación y control militar israelí después de 1967. A estas poblaciones se las conoce como “palestinos del 48”. Como tales, los hermanos Nafar eran al menos en parte un producto de la sociedad israelí, e inicialmente desconectados de los palestinos en los territorios ocupados por las asfixiantes restricciones militares y los infames “checkpoints” militares de la región, un elemento clave de la experiencia palestina durante décadas.
“Éramos jóvenes, estábamos confusos”, dice Suhell en la película, “la ocupación nos mantenía mental y físicamente separados de los palestinos en el West Bank y Gaza”.
Esta dislocada mentalidad inicial queda aún más claramente retratada en el documental “Channels of Rage”, donde vemos a un joven Tamer Nafar siendo, al principio, amigo y colaborador aparentemente entusiasta del popular rapero israelí Subliminal, aunque también visiblemente excluido y cada vez más confuso cuando queda en un segundo plano observando a las multitudes judías. El documental sigue la ruptura de su amistad a medida que Subliminal se vuelve más fanáticamente pro-Israel y Tamer cada vez más explícitamente en contra de la injusticia sistémica y la discriminación que experimentan los palestinos.
En ambos documentales se nos muestran numerosos ejemplos de esta experiencia. La población palestina es empujada a barrios empobrecidos y peligrosos que, a diferencia de los distritos judíos más acomodados, son claramente descuidados por el gobierno, la economía y la policía, lo que perpetúa problemas de delincuencia, vivienda, sanidad, etc.; las autoridades acosan, registran, detienen y maltratan habitualmente a palestinos simplemente por ir por la calle; el mero hecho de escuchar a alguien hablando en árabe es causa de alarma y sospecha, tanto para judíos como para policías; Abeer Zinati, una rapera palestina a la que volveremos más adelante, fue despedida de su trabajo en McDonald’s por hablar árabe (aunque luego llegó a denunciarlos y ganó); los puestos de control militares se instalan y cierran sin previo aviso, lo cual hace muy difícil o directamente imposible que los palestinos puedan cruzar de una zona a otra, a veces incluso quedando encerrados dentro o fuera de sus lugares de trabajo o residencia durante días. Una de las tramas principales de Slingshot Hip Hop es si los raperos a los que sigue, en diferentes ciudades de los territorios ocupados, conseguirán encontrarse en persona.
“La intifada, el levantamiento, fue nuestro golpe de realidad”, dice Suhell en la película.
Marcadas por la imagen de hombres, mujeres y niños árabes lanzando piedras al ejército israelí y siendo recibidos con fusiles de asalto y tanques, las sublevaciones palestinas del año 2000 fueron un renovado recordatorio de la naturaleza de la represión israelí y su costumbre de responder de manera desproporcionada. El levantamiento fue una nueva erupción de protesta violenta contra décadas de ocupación y segregación por parte de Israel, y desencadenaría un nuevo ciclo de violencia con la actuación de grupos armados y paramilitares palestinos, por lo cual el ejército israelí castigaría aún más a los palestinos en su conjunto.
Así que, “con un nuevo tercer miembro, nuestro vecino Mahmood Jrere, comenzamos un nuevo capítulo”. Este sería el comienzo de DAM como grupo. El nombre era un acrónimo de “Da Arab MCs” así como “eterno” en árabe, y “sangre” en hebreo. Como explicó Tamer en una entrevista con Democracy Now! en 2008, “es sangre eterna, como que nos quedaremos aquí para siempre”. Fue también una de las primeras señales del ingenio lingüístico que caracterizaría sus letras durante años.
Este nuevo capítulo comenzó en el año 2000, cuando escribieron su primera canción abiertamente política, “Posheem Hapim me Peshaa” (“Criminales inocentes”), que más tarde sería mezclada por el músico de rock israelí Aviv Geffen en 2003, con el director estadounidense-israelí Udi Aloni a cargo del videoclip, ambos en aquel momento abiertamente en contra de la discriminación de los palestinos en Israel.
La letra decía así:
Dices que somos iguales.
llamo a tu puerta para pedir ayuda,
sorpresa, sorpresa, ni siquiera respondes.
Vivo aquí, por lo tanto debería haber igualdad,
si esto es democracia ¿cómo es que no se me menciona en tu himno?La tierra es para los judíos y los árabes no existen,
¿dónde está el “shalom”? Y cuando no hay “shalom”
se construye una barrera para matar nuestros sueños.
En esta sección, el árabe original usa la palabra hebrea para paz, “shalom”, que también funciona como un saludo común.
La canción, obviamente, provocó revuelo entre el público israelí.
Sin embargo, sería su siguiente canción de protesta, en 2001, la que resultaría ser su primer gran éxito, cuando DAM devolvería a su sociedad la pregunta que daría título al tema: “Min Irhabii”, “¿Quién es el terrorista?”.
Al igual que en “Innocent Criminals”, la letra no se cortaba un pelo:
¿Democracia? Si parecéis nazis,
con vuestras incontables violaciones del alma árabe
quedó embarazada y dio a luz a un niño llamado el terrorista suicida,
y ahora aquí estáis llamándonos terroristas.
Me golpeaste y luego lloraste, llegaste antes que yo al quejarte,
y cuando te recordé que tú empezaste, saltaste y dijiste: “Dejasteis que niños pequeños tirasen piedras,
¿acaso no tienen una familia que los pueda cerrar en casa?”. ¿Qué? Pareces haber olvidado que enterrasteis a nuestros padres bajo los escombros de nuestras casas.
En “Channels of Rage”, Tamer Nafar, sentado en su camerino delante de una reportera israelí casi cómicamente escandalizada, responde a su pregunta sobre el significado de la canción: “¿Cuál es la diferencia entre un terrorista árabe que explota entre veinte niños, y un soldado que entra y les dispara? No creo que haya ninguna diferencia”. Continúa con otro ejemplo: “si vistes a un caníbal con un esmoquin y le das una cuchara y un tenedor, sigue siendo un caníbal. Sólo porque un soldado lleve uniforme no le convierte en un no-terrorista”.
La canción fue descargada más de un millón de veces, y sigue siendo una de las más populares y controvertidas del grupo, arrojando una cruda luz sobre la naturaleza de la discriminación contra los pueblos árabes, y los perpetuos ciclos de violencia de los que tan a menudo se les hace responsables.
A lo largo de los años, el grupo continuaría actuando y participando en diferentes colaboraciones y proyectos, normalmente vinculados a la solidaridad con las poblaciones palestinas en Israel y en los territorios ocupados.
En “Slingshot Hip Hop”, vemos cómo Tamer visita el centro juvenil “Camp Return”, donde lo llevaron “para hablar con los chavales sobre el rap, y cómo pueden ayudar a su sociedad y a su país con música, no con violencia”. DAM participaría en muchas de estas actividades en colegios y clubes para niños y adolescentes palestinos.
En 2004, DAM fue invitado por la ONG israelí “Shatil” a participar en una campaña contra la discriminación y la pobreza en ciudades mixtas árabe-judías, tal y como se describe en el documental y en este artículo de PBS, uno de los principales focos eran las habituales demoliciones de viviendas palestinas por parte del gobierno israelí, supuestamente por carecer de los necesarios “permisos de construcción”, que por supuesto debían solicitarse a las autoridades israelíes, y que a menudo eran bloqueados o denegados. Más concretamente, la campaña quería concienciar sobre la peligrosa entrada a Lyd, que obligaba a los residentes a cruzar ocho vías de tren para poder entrar en la ciudad.
DAM creó una canción y un videoclip para la campaña, publicando versiones tanto en árabe como en hebreo, con el fin de llegar a un público más amplio. El título se traduce como “Nacido aquí”. El éxito de la campaña llevó al gobierno israelí a construir un puente sobre las vías del tren para una entrada más segura, y permitió a DAM hacer una gira por Israel debatiendo la importancia de su causa.
Además, la canción y el videoclip presentaron la primera colaboración de DAM con una figura femenina, Abeer Zinati, alias Sabreena Da Witch, una de las primeras raperas de la región. Ella canta el estribillo de la canción, con DAM coreando entre versos:
Nuestro barrio está avergonzado, no viste de seda
(el miedo sigue viviendo en nuestros corazones).
Una novia sin velo, de pie, esperando, anhelando su belleza
(la limpieza étnica llama a nuestras puertas).
El tiempo ha pasado sobre ella, la ha olvidado,
(por eso) el muro de separación ha silenciado su esperanza,
pero como un pájaro que rompe la jaula, extenderá sus alas y volará, (gritaremos sin miedo).
En “Slingshot Hip Hop”, Tamer dice: “hoy los árabes enfrentan la mayor discriminación. Los palestinos aún más. Además de las dificultades en nuestra propia sociedad. ¿Y quién lo sufre más? Una mujer, una mujer árabe. No hay nada más difícil que eso”.
En la película, estas declaraciones aparecen junto al dúo femenino de rap Arapeyat, formado por Safaa y Nahwa, quienes, según el documental, pidieron a otro de los raperos presentados, Mahmoud Shalabi, algunos beats. “Fue genial ver a mujeres jóvenes rapeando”, dice él, “así que invitamos a Arapeyat a actuar en un show con nosotros y DAM”.
El documental muestra una colaboración entre Tamer y Safaa, donde ella canta:
¿Preguntas por qué lloro?
Porque soy un cuerpo sin espíritu,
tú lo abusas y luego me culpas.
¿Quién demonios eres tú para decirme cómo comportarme? Preguntándome “¿a dónde vas?”,
parece que olvidas de dónde viniste tú.
“Pensamos que los chicos no pueden representar nuestros problemas ni lo que pasamos, así que ¿por qué no rapear nosotras mismas?”, dice Safaa en la película, “Tuve mucha suerte de que mi familia me ayudó y me apoyó”.
“Slingshot Hip Hop” muestra imágenes maravillosas de las raperas y sus familias, así como de los públicos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, disfrutando con entusiasmo de sus actuaciones.
Desafortunadamente, no fue tan fácil para Abeer Zinati, quien, después de aparecer en el vídeo de “Born Here” y de estar programada para actuar junto a DAM en el escenario y en la televisión, recibió amenazas de partes de su familia. El miedo definitivo habría sido uno de los infames “asesinatos de honor” que tienen lugar en las sociedades árabes más conservadoras, donde miembros de una familia o comunidad pueden llegar a atentar contra la vida de uno de los suyos, normalmente a una mujer, supuestamente por haber traído deshonra al resto.
Los padres de Abeer, que no la apoyaban demasiado desde un principio, pensaban que era demasiado peligroso para ella. Se vio obligada a aceptar y cancelar su aparición en el próximo espectáculo. A partir de ese momento, seguiría haciendo música en secreto, actuando en escenarios y eventos lejos de las zonas donde pudiera ser reconocida. Es una realidad triste en contraste con el apoyo que Safaa recibió de su propia familia al empezar a rapear, incluso si otras partes de su sociedad intentaban detenerlas. Pero la resistencia de todas ellas es la misma: “incluso si alguien se interpone en nuestro camino, seguiremos adelante. No nos detendremos por nadie”, dice Nahwa, reflejando la actitud de Abeer.
Abeer finalmente dejó Israel y se mudó a Estados Unidos. Es muy interesante su interacción durante una sesión de preguntas y respuestas después de la proyección de “Slingshot Hip Hop” en Estados Unidos en 2009, cuando le preguntaron cómo cambió su experiencia como mujer haciendo música al llegar a Estados Unidos. Respondió de manera directa: “Siempre estuve muy enfadada con mi sociedad por no poder hacer cosas como mujer, pensando que los hombres de allí son atrasados e idiotas, pero al parecer es algo universal. Dondequiera que vaya habrá hombres poniéndose en mi camino diciendo ‘deja de ser una víctima, no queremos oírte quejarte’”. Dice que la principal diferencia es que “aquí nadie me conoce” y por lo tanto “no represento a nadie aquí”.
Esto podría plantear la cuestión de si Abeer estaba restando importancia a la seriedad de las amenazas a las que se enfrentaba en su tierra, y si su familia habría llegado a llevarlas a cabo.
De todas maneras, continúa diciendo que, cuando se trata de la música, “es lo mismo otra vez, es la industria, es muy sexista, y si no estoy medio desnuda, no les interesa escuchar lo que digo”. Termina con una declaración tan casual como directa: “No siento mucha diferencia entre aquí y allí, de hecho estoy descubriendo cada vez más que Estados Unidos e Israel son hermanas gemelas”.
Reflejando este sentimiento, en una entrevista con PBS en 2015, Tamer Nafar diría que “la lucha de las mujeres está más allá de Oriente Medio. Es una lucha internacional”.
La participación femenina se convertiría en una parte crítica de DAM como grupo de hip hop progresista. Su primer álbum completo “Ihda” (“Dedicatoria”), aunque centrado principalmente en la lucha palestina, incluía la canción “Libertad para mis hermanas”, una canción abiertamente feminista con la participación de Safaa de Arapeyat.
Sin embargo, no sería hasta 2014 cuando DAM finalmente incluiría a una cantante como cuarta miembro del grupo, con un papel muy destacado en uno de sus álbumes más aclamados.
Antes de llegar a ese punto, DAM continuó cultivando diversos éxitos, logrando varios hits en las listas árabes, haciendo giras internacionales, y lanzando su segundo álbum, “Dabke on the Moon”, en 2012. En una entrevista con The Electronic Intifada, Tamer habló sobre cómo “durante estos seis años hemos estado por todo el mundo. Hemos estado expuestos a muchas culturas, hemos conocido a mucha gente con historias diferentes. De repente, el mundo no es Palestina. Palestina pasó a formar parte del mundo. Y la lucha se convirtió en parte de la lucha internacional”.
El álbum continuaría con sus mensajes políticos, inicialmente atrapados en sus trágicas realidades, pero poco a poco volviéndose más bailables y optimistas bajo la influencia de la Primavera Árabe. Tamer explica que, en la analogía hecha en la canción, donde el pueblo árabe está en una nave espacial casi lista para despegar, “la Primavera Árabe nos enseñó que para hacerlo, tenemos que soltar algo de peso. Y lo hacemos, abrimos la ventana, y tiramos a los líderes árabes, las dictaduras, el dinero corrupto, y estamos listos para volar”.
En 2014, la cuarta integrante de DAM finalmente haría su aparición. Maysa Daw se convertiría en un componente clave de la crítica y protesta del grupo contra los valores conservadores.
Maysa es originaria de Haifa, otra de las ciudades mixtas árabe-judías del país. Como ella misma explicó en una charla TEDx, siempre supo que amaba la música y decidió perseguirla con el apoyo de su familia, por lo cual mostró un gran agradecimiento. Creció escuchando todo el trabajo de DAM, aprendiendo las letras, asistiendo a sus conciertos en vivo y preguntándose si algún día podría actuar a ese nivel.
Según Paper Magazine, su encuentro surgió a través del dúo musical “Ministry of Dub-Key”, cuyo estilo combinaba reggae con folklore y danza palestina, y que colaboró en una canción con los miembros de DAM y con Maysa.
Tras esa colaboración, el grupo le pidió que comenzara a escribir y actuar con ellos. Aunque ella no se consideraba rapera, juntos no tuvieron problemas para desarrollar un estilo nuevo y distintivo, oscilando entre un rap a ratos más hablado y a ratos más melódico, comenzando así un nuevo capítulo de DAM y devolviendo rápidamente el foco a los temas feministas.
La primera canción de Maysa con el grupo, “Who You Are”, llegó en 2014. La canción se abre con el estribillo de Maysa:
Soy la soltera, la estéril y la divorciada. Soy el “mejor vivir con un hombre que sola”.
Soy los platos, la plancha, soy todo, soy nada, pero recuérdame; ¿quién eres tú?
Soy los cotilleos de mujeres; no puedo dar a luz a niños; soy la fuerte; soy 100 hombres.
Soy el honor, soy la vergüenza, soy todo, soy nada, pero recuérdame; ¿quién eres tú?
El videoclip fue dirigido por Scandar Qupti, quien también dirigió la premiada película “Ajami”. El resultado es un verdadero ejercicio de creatividad visual, sencilla pero maravillosamente peculiar. Lo recomiendo mucho.
Como el grupo dijo a PBS, a través de sus letras Maysa reconoce los comentarios y las normas de género que las mujeres sufren diariamente, para luego responder y enfrentarse a los hombres y a la sociedad, diciendo: “vale, sé quién CREES que soy yo, pero ¿quién eres tú, aparte de alguien que juzga?”. Como dijo a +972 Magazine: “los hombres intentan estereotipar a las mujeres todo el tiempo, y yo quería preguntar qué estereotipos definen a los hombres, si es que los hay”.
En 2017, DAM firmó un nuevo contrato discográfico y comenzó a trabajar en su tercer álbum, “Ben Haana Wa Maana” (algo así como “¿Quién se beneficia realmente?”). Fue publicado en junio de 2019, con Maysa como la cara principal del álbum.

Durante una entrevista con Sole DXB, Maysa expresó lo extraño que le resultaba ser la cara del álbum. “Tuvimos toda una discusión sobre ello, y en realidad fue idea de Tamer. Él dijo ‘tienes que estar ahí’”, y finalmente Maysa aceptó.
Tendría su papel más destacado en la canción “Jasadik-hom” (“Tu cuerpo de ellos”), un manifiesto feminista directo e increíblemente potente, protagonizado por una Maysa sin rodeos y hablando directamente al público:
Deja de mirarme, estos pechos son míos,
quita las manos, estas caderas son mías,
ahórrame tus comentarios, este vello en los brazos y las axilas es solo mío,
controla tu expresión facial, estos kilos de más son míos,
la celulitis es mía, estas estrías y marcas de parto son solo mías,
las canas, verrugas, pecas, muslos, granos, todos son míos,
esta cocina no es solo mía, pero este tomillo y gundelia son míos,
mi tono de piel es mío, y estos ojos son míos.
Tanto su letra como su interpretación en el videoclip lo hacen absolutamente imprescindible.
Las intenciones políticas del grupo parecían tan claras y afiladas como siempre. Sin embargo, este nuevo álbum estaba marcado por algo más que el conocido y esperado estilo de protesta del grupo. Continuando en la línea ya sugerida en “Dabke on the Moon”, el grupo decía sobre su último álbum en su página web que “siempre hablamos de la oscuridad en la que vivimos. Pero esta vez cambiamos nuestra actitud. Como decimos en una de nuestras canciones ‘Hada Yidi’e Sitna’; no es la oscuridad de una tumba, sino la oscuridad del útero antes de nacer”. Dicen que el álbum trata, en última instancia, “sobre el amor propio”.
De hecho, su primer sencillo, “Emta Njawzak Yamma” (“¿Cuándo te vas a casar?”), es una canción divertida, bailable e incluso comercial, que trata de la presión social de casarse y tener la vida solucionada. Con todo, una canción sorprendentemente inofensiva para un público acostumbrado a himnos de protesta contra la ocupación, y acompañada además de un jocoso videoclip:
En su entrevista con Sole DXB, Tamer cuenta que “cuando hicimos eso mucha gente me mandó mensajes diciendo ‘¿pero qué pasa con la causa, qué pasa con Palestina?’”. Incluso Maysa admitió tener problemas para aceptar este tipo de sonido y ambiente al principio, acostumbrada como estaba a su estilo de hip hop más crudo. En la entrevista, Tamer responde: “Tengo un problema con la ocupación, así que escribo sobre eso, y tengo un problema con los derechos de las mujeres, así que escribo sobre eso… pero entre medio también me divierto, me emborracho, voy de fiesta, voy a bodas. Así que, para mí, esto es mantenerme real”. Se cuestiona la legitimidad de hacer de la ocupación su único motor como artista, preguntando “si la ocupación termina, ¿eso significa que el hip hop palestino ya no es relevante?”, y “¿Soy solo un talento geográfico?”.
Maysa está de acuerdo, diciendo que “sí, tenemos muchas dificultades, y sí, tenemos muchas cosas que necesitamos decir, pero al mismo tiempo es muy importante ser auténticos, vernos como seres humanos y todo el espectro de lo que significa ser humano”.
La cuestión de qué viene primero, el arte o la identidad, ha sido naturalmente muy común a lo largo de sus carreras. En su charla TEDx de 2021, y probablemente proyectando el motivo de sus propias dudas por haber sido la cara del tercer álbum de DAM, Maysa habla sobre “lo difícil y frustrante que es para mí ser identificada constantemente como una artista mujer palestina, en lugar de simplemente una artista”. Al final de su discurso, concluye abrazando esas partes de su identidad a favor de las causas más grandes a discutir y promover.
Tamer también habla de ser percibido primero como palestino. Durante su entrevista con Ahmed Eldin en 2025, dice: “cada vez que subo al escenario pienso ‘somos artistas antes que nada’. Si cierras los ojos y olvidas que somos de Palestina, y entras en las letras y en los juegos de palabras, ves lo brillante que es y lo creativo que es”.
Aun así, “Ben Haana Wa Maana” contiene también canciones tan políticas como creativas, explorando temas de identidad, sociedad, ocupación y mucho más. Recomiendo encarecidamente no solo escucharlo, sino también buscar las letras traducidas, porque hay muchísimo contenido brillante que merecería ser citado.
Después de su álbum de 2019, DAM siguió actuando por todo el mundo. Mientras tanto, Maysa Daw también había continuado trabajando en sus propios proyectos, como su primer álbum en solitario “Between City Walls”, que ya había sido publicado en 2017, y su posterior trabajo con el grupo palestino-suizo-dominicano “Kallemi”, donde canta y toca varios instrumentos.
Tamer Nafar también continuó siendo un prolífico rapero por su cuenta, así como guionista y actor. Para cuando el tercer álbum de DAM salió, ya había escrito y protagonizado una película a todas luces semi-autobiográfica, “Junction 48”, estrenada en 2016, para la cual también colaboró con Maysa en la banda sonora.
En sus trabajos en solitario, volvió a los temas políticos y a la causa palestina. Antes de la renovada escalada de violencia entre palestinos e israelíes en mayo de 2021, Tamer ya estaba planeando una potente colaboración con el entonces rapero de 12 años de Gaza, MC Abdul, contando también con la voz de la cantante palestina Noel Kharman.
El resultado es una increíble pieza de protesta, resistencia y unidad, con dos artistas palestinos utilizando el muro que los separa para unirlos en el videoclip.
Otro ejemplo es el tema “Ebn al Lyd” de 2022, una canción sobre la ciudad natal de Tamer. Para el videoclip, recorrió su barrio en motocicleta de noche con una bandera palestina, en respuesta a un proyecto de ley que haría ilegal mostrar la bandera en ciertos lugares. Como se muestra en su vídeo de “Backstage”, durante la grabación fue parado entre 3 y 4 veces por la policía en el espacio de la primera hora. Mientras tanto, el equipo de Tamer vio y grabó una de las tan frecuentes ventas de drogas que tenían lugar en aquellas calles, sin ningún policía a la vista.
Tamer siguió escribiendo, cantando, colaborando y defendiendo con la misma energía de siempre. Entonces, llegaron los últimos meses de 2023.
Durante los ataques del 7 de octubre de 2023, Hamás y otros grupos armados palestinos mataron a más de 1.100 israelíes, dejaron a más de 4.000 heridos y tomaron a los infames 200 rehenes.
Dos meses después, el ejército israelí ya había matado a más de 20.000 palestinos en Gaza. Hoy en día, la cifra supera los 60.000. Cada vez más organizaciones internacionales lo califican claramente como genocidio, y se están investigando las acciones de Israel en Gaza como crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos.
Durante su entrevista con el periodista Ahmed Eldin, Tamer dice: “cuando éramos jóvenes y empezamos a hacer hip hop, en el 99, decíamos ‘¡Vamos a subirnos a los escenarios y contar la verdad sobre Palestina!’. Porque en la Nakba (en 1948) no había cámaras. Así que la gente no lo sabía”. Pero hoy en día, hay cámaras de sobra, y las imágenes son interminables. Todos lo sabemos. “Es una locura cómo el mundo sigue como si nada”, dice.
Y así, volvemos al Tamer Nafar que grabaría su canción “Tuz Tuzzen”, “qué más da”. Durante la entrevista, la describe como el producto de lo que llevó a lo que él llama “el día que me di cuenta de que soy una oveja”. Explica: “actúo, gano dinero, ellos (Israel) se llevan un 30% o 40%, el dinero no se invierte de vuelta en mi comunidad. ¿A dónde va el dinero? Pues va a a Gaza”. En algún momento, sintió que “literalmente ves que, quieras o no, que te den; vas a ser parte de un sistema más grande que tú. Es muy triste, pero simplemente es así”.
Describe un episodio aún más impactante para él, que terminó con uno de sus vecinos asesinado por colonos israelíes, la clase de crímenes que se llevan a cabo con impunidad y con una frecuencia sobrecogedora en las zonas rurales del West Bank, y que esta vez ocurrió justo al lado de la casa de Tamer. “Aquí es donde mi ideología empezó a desvanecerse”, dijo.
Describe el día diciendo que se anunció un toque de queda que obligó a los árabes a volver a sus casas. “De repente se oyen gritos, ‘muerte a los árabes, muerte a los árabes’. Montones de colonos, en su mayoría de fuera de Lyd, con Uzis, alrededor de nuestros barrios, gritando ‘muerte a los árabes’, y están escoltados por la policía”. Aun así, llamó a las autoridades, principalmente para grabar la conversación. Fue rápida y previsiblemente desestimado, diciendo que estaban al tanto de la situación. “Ya sé que estáis al tanto, los estáis escoltando”, respondió Tamer, “estáis protegiendo a gente armada contra gente desarmada”. De hecho, los palestinos dejaron de ser elegibles para obtener licencia de armas tras los ataques del 7 de octubre, mientras que el armamento de civiles judíos se facilitó ampliamente. Fue entonces cuando se dio cuenta: “la mayoría de mis vecinos tienen miedo, excepto los traficantes de drogas, que sí tienen armas”.
Hace una analogía desalentadora, como si la ideología y el arte construidos a lo largo de su carrera fueran una especie de herramienta aparentemente poderosa, guardada bajo un cristal de “romper en caso de emergencia”. “La tienes ahí durante 20 años, 30 años, y de repente, cuando hay una emergencia, vas a cogerla y te das cuenta, dices: ‘hostia, si es de plástico’”. Aunque le da un toque humorístico a la metáfora, describió aquella noche en la que los colonos israelíes llegaron a su barrio como un enorme golpe psicológico: “de repente te das cuenta de que te sientes bien de tener un traficante de drogas en tu barrio, porque puede que te proteja, no como la policía o el micrófono”.
Es necesario entender por qué este momento habría sido tan demoledor. Desde sus inicios, uno de los mayores problemas con los que crecieron los jóvenes hermanos Nafar, uno de los que más resentían y denunciaban en su ciudad, era el consumo y tráfico de drogas. Era uno de los males más destructivos y extendidos de su comunidad, así como uno de los signos más evidentes de la deliberada indiferencia del gobierno israelí, que invertía claramente en los barrios judíos más ricos en vez de en los árabes, y cuya policía estaba menos preocupada por coger a traficantes de drogas que de hostigar a ciudadanos palestinos. En “Slingshot Hip Hop”, durante una de las visitas de DAM a uno de los clubes juveniles para niños y adolescentes palestinos, Abeer Zinati dice: “los niños solían admirar a los traficantes de drogas, quizá porque tenían dinero y coches. DAM vino y cambió eso. Ahora son ellos los modelos a seguir a los que los chicos admiran”.
Con todo esto en mente, podemos empezar a comprender la sinceridad de Tamer cuando describe el episodio de los colonos, y el momento en el que se encontró agradeciendo la presencia de un traficante de drogas en el barrio, como “una crisis de identidad, de identidad artística. Fue muy duro para mí como ser humano”. Y vuelve a enfatizar su enorme decepción: “pones tu vida en algo llamado ‘valores’, ‘humanidad’, y usando palabras que son como ‘palabras blancas’, como ‘democracia’… y de repente tienes 45 años y te das cuenta de que es todo falso, que no vale nada. Entonces, ¿qué se supone que debo hacer ahora?”.
Una de las últimas canciones de Tamer, publicada el pasado agosto, se llama “Today”:
Quiero una grúa que me lleve,
que me deje en alguna orilla,
a mí y a la gente que me quiere,
solo hablar y caminar
sobre arena a la que no le importe mi peso,
bajo un sol que no sepa mi nombre.
Poco después sacó “Oasis”, con la cantante griega Alex Mandi. En ella dice:
Que el planeta se derrumbe, que se vaya al infierno, me da igual,
quiero un rincón verde y tranquilo, un rincón verde, una vida hermosa,
despejar nuestras cabezas, llenar nuestras copas,
con seres queridos llenando nuestro corazón.
Y al final del puente:
Nunca fui egoísta,
nunca fui materialista,
quise cambiar el mundo y un día desperté
y vi a un tipo distinto en el espejo.
Una cosa está clara: Tamer Nafar está cansado. Durante años quiso protestar, luchar, alzar la voz. Luego quedó claro que alzar la voz significaba poco. Las matanzas masivas han aumentado, y su libertad ha disminuido.
Si intentara grabar hoy día el videoclip de “Ebn al Lyd”, recorriendo su barrio con una bandera palestina después del 7 de octubre 2023, “en el mejor de los casos puede que te detengan, en el peor igual te disparan”. En cuanto a actuaciones en Israel y Palestina, “solía hacer unas 100 al año. Desde el 7 de octubre, he hecho 2. Actúo en otros lugares, pero aquí, olvídalo”.
También es consciente de su posición en la visión más amplia de las cosas: “Ahora mismo hay un alguien en Gaza diciendo ‘mira a este tío, haciendo pódcasts porque tiene tiempo para ello, y yo no tengo electricidad’. También lo entiendo”.
Su espíritu general evoca lo inescapable de algunos de los viejos versos de DAM, como en “¿Quién es el terrorista?”, cuando cantaban:
No estoy contra la paz, la paz está contra mí.
O, en “Nacido Aquí”:
¿Yo rompí la ley? No, la ley me rompió a mí.
Ante la pregunta de cómo sobrelleva el dolor de las noticias cotidianas sobre la masacre en Gaza, su respuesta es sencilla: “pues yendo a terapia, habibi”.
En cuanto a la eterna cuestión del arte frente al artista, ha cambiado de opinión. Después del 7 de octubre, y “tras años luchando contra ello”, dice: “creo que ahora me veo como palestino antes que artista, porque mi arte no está tan en peligro como mi identidad como palestino”. Afirma que “mi sensación ahora es que lo más vulnerable es nuestro cuerpo, el físico, no la ideología, me siento amenazado en mi cuerpo”.
En una declaración casi filosófica, concluye diciendo: “necesito liberar Palestina, para ser liberado de Palestina”.
Aun así, esta afirmación viene acompañada de lo que describe como un florecimiento de su creatividad, “triplicándose cada día”, gracias a lo que caracteriza como la conciencia de sus propias limitaciones, de lo que puede y no puede hacer. En ese sentido, su creatividad parece ser muy suya.
Dice que su principal motivación y su único enfoque ahora mismo es su trabajo. Trae nueva música de camino, su primer EP en inglés, que llamará “In The Name Of The Father, The Imam & John Lennon”. Ante la pregunta de sobre qué le gustaría rapear en el futuro, responde: “me encantaría hacer un álbum sobre relaciones”, y también admite haber tenido ya preparadas algunas canciones de ese tipo, que acabó retrasando porque “no era el momento para ello”.
Lo que más disfruta actualmente es escribir. Durante los últimos años ha estado escribiendo sobre todo artículos y columnas de opinión, lo que encuentra mucho más liberador que escribir letras de canciones. También ha firmado con una editorial estadounidense para escribir y publicar dos novelas en los próximos años.
“Esto es lo que me mantiene cuerdo, escribir. Esta es mi nueva terapia. Esta es la herramienta que estoy usando. Porque, como ya he dicho, eso es lo que sé hacer. Ojalá supiera hacer otra cosa. Ojalá que mi talento fuera acabar con el asedio y dar comida a la gente. Ojalá”.
En el inglés original, expresa este último deseo de forma más contundente: “I fucking wish”.