Inglés en ghana: poscolonialismo en el aula

o frustraciones de un blanco europeo que se fue a Ghana a enseñar inglés


El pasado mes de junio pasé cuatro semanas haciendo voluntariado en la región rural de Kwahu East, en Ghana. Fui con la organización Atlas Volunteers, a quienes estoy extremadamente agradecido por esta experiencia tan valiosa. Mi experiencia fue sobretodo en sus proyectos de educación en áreas rurales de Kwahu East. Todo lo que escribo aquí se basa en mi experiencia personal, en conversaciones que mantuve allí, y algo de investigación adicional.


Cuando alguien me pregunta cómo fue mi experiencia en Ghana, suelo responder algo así: Ghana es una tierra preciosa y rica, llena de gente preciosa y amable. Desgraciadamente, también se enfrenta a muchos desafíos. Sobretodo en las zonas más rurales, hay una considerable falta de infraestructura y maneras de obtener ingresos.

El avance es lento, y los obstáculos son muchos.

Como con el resto del continente, es difícil no rastrear la causa de muchos de estos obstáculos al colonialismo, a las potencias europeas que ocuparon el país y lo abandonaron cuando ya no era rentable, dejando atrás sistemas y doctrinas impuestas sobre identidades borradas, sin otra opción para el país que la de imitar y sostener estructuras tanto extranjeras como anticuadas, sin herramientas o espacio para poder cuestionarlas o transformarlas.

Durante mi estancia en Ghana estuve estrechamente en contacto con precisamente uno de esos residuos coloniales: el hecho de que, a día de hoy, el inglés es el único idioma oficial del país, lo que significa que el colegio, las clases, los libros y los exámenes están todos en inglés. En uno de los pueblos rurales de la región, mi trabajo consistía en ayudar a los niños que tenían más dificultades con el inglés. Resulta que eran muchos. Y mientras me sentaba con un alumno tras otro, no podía dejar de pensar en que el sistema ha sido puesto en su contra desde el principio.


—¿Qué opinas de que el colegio en Ghana se haga en inglés? —le pregunté a un joven agricultor local.

Me miró.

—¿En España se hace el colegio en Twi?

Y con eso quedó todo dicho.


En Ghana se hablan más de 70 lenguas indígenas a través de una gran variedad de grupos étnicos. De ellas, 11 (o 9, según cómo se agrupen algunos dialectos) están lo suficientemente extendidas como para ser patrocinadas por el Estado, que viene a significar que se escriben y publican materiales en esos idiomas. Algunas de las más habladas son los dialectos akan, como el twi, que fue el que más escuché durante mi tiempo en Kwahu East.

A pesar de esa diversidad, y debido solamente a su pasado como colonia británica, el único idioma oficial es el inglés. Y aunque se usa en política, educación y negocios, no está tan extendido como las lenguas locales. En los pueblos en los que pasé la mayor parte del tiempo apenas escuché a los locales hablando en inglés entre ellos.

En estas comunidades rurales, muchos niños tienen serias dificultades para leer, escribir o hablar en inglés. Y no solo ellos, también sus padres y a veces, incluso, sus profesores. Hasta los exámenes oficiales contenían errores gramaticales o preguntas y dudosamente formuladas.

Algunos niños leían fluidamente en voz alta pero no entendían lo que leían. Otros lo hablaban bien pero apenas eran capaces de leer. Otros sabían qué debían responder a una determinada pregunta, pero no sabían lo que quería decir la respuesta. Muchos estudiantes terminaban adquiriendo un dominio del inglés puramente mecánico, sostenido por prácticas de memorización y repetición vacías, revirtiendo a una mentalidad simplista y casi militar de “sí, señor”, sin apenas espacio para pensamiento crítico y una comprensión real.

Es cierto que hay otros factores que juegan su parte en alimentar estos patrones obstructivos. En una cultura donde los mayores y ancianos poseen una gran autoridad, y donde no se les debe faltar al respeto, grandes divisiones jerárquicas aparecen entre profesor y alumno, lo que ayuda a generar entornos rígidos y dogmáticos, donde el maestro se convierte en una figura casi autoritaria que no debe ser cuestionada, y donde el castigo físico aún es una práctica común. No es casualidad que esto se parezca, en gran medida, a lo que fue la escuela para muchos de nuestros padres y abuelos en Europa. Una vez más, no se trata solamente de sistemas occidentales impuestos, sino que, además, desfasados.

Aun así, el lenguaje es la base del pensamiento y del discurso. Las limitaciones que implica el inglés para algunas de estas comunidades muy fácilmente perpetua mentalidades simplistas, dogmáticas y casi militares. Su imposición bien podría suponer uno de los mayores obstáculos para una necesaria revitalización del escrutinio y la crítica, y para la desmantelación de muchas otras estructuras contraproducentes.

Realmente, no existe ninguna razón lógica para que el inglés sea el único idioma oficial de Ghana, más allá de que fue una colonia. Está claro que hoy en día hay motivos de sobra para aprender inglés y el acceso a espacios internacionales es una enorme ventaja; además, hay mucha gente en Ghana que lo habla perfectamente. Sin embargo, en su actual posición, supone un enorme handicap para muchas comunidades cuyos niños siempre se expresarán mejor, entenderán más, harán mejores preguntas y darán mejores respuestas en la que ya es su lengua materna.

El inglés debería ser de manera oficial lo que ya es de manera no oficial: una segunda lengua.

Es cierto que todo esto plantea un problema difícil. Muchos argumentan que la fricción y el conflicto que surgirían de intentar elegir una de las lenguas indígenas como oficial no merece la pena. Algunos ghaneses, de hecho, consideran el inglés como un signo muy deseable de estatus e intelecto, y abogan por un uso aún mayor del inglés en las escuelas.

Por otro lado, muchos otros países africanos ya cuentan con una o dos lenguas indígenas como cooficiales, junto con la lengua colonial que les tocase en su momento. Puede que no sea la solución mágica de todos los problemas, pero ya está ocurriendo, y eso significa que existen esquemas que se pueden consultar y evaluar.

Tal vez la respuesta sea difícil, pero la pregunta debe ser formulada.

Todo nos lleva necesariamente de vuelta a abordar el origen del inglés como imposición colonial, a reconocer su carácter arbitrario, y a bajarlo de su pedestal para que pueda ocupar un lugar debajo de una lengua materna real.

Pero, ¿hasta qué punto están presentes esos orígenes?

Le pregunté a Dominic, el coordinador local del programa de voluntariado, cómo se enseñaban el colonialismo y la esclavitud en las escuelas de la región. Me dijo que, en general, se pasaba por encima, se mencionaba, no se estudiaba en profundidad. Se describió a sí mismo como afortunado por haber tenido un profesor de Política informado y crítico, que le habló de estos temas más a fondo. Pero ese tipo de profesores no son tan comunes como deberían, especialmente fuera de las grandes ciudades. Mientras tanto, otro voluntario comentó haber visto exámenes con preguntas de qué gran cosa hizo qué británico.

Casi setenta años después de su independencia, la historia colonial de Ghana sigue siendo un fantasma, y a algunos estudiantes aún se les niega un conocimiento más profundo de la raíz de muchos obstáculos que enfrentarán a lo largo de sus vidas. Por ahora, muchas estructuras británicas y occidentales siguen ocupando el hueco que se hicieron hace años, y en muchos casos siguen siendo el punto de referencia para muchos aspectos de la vida.

No obstante, el cambio es inevitable, y las semillas ya están presentes. Las voces críticas a veces pueden parecer calladas y escondidas, pero pertenecen a personas que han estado observando, escuchando, tomando nota en silencio, personas que hace tiempo que han visto a través de los fantasmas de la historia, que están al borde de la próxima gran pregunta y de la próxima nueva conversación. Y poco a poco se van encontrando entre ellas.

Al final del día, tal vez no sea más que una cuestión de tiempo. Como oí decir a una de ellas:

—Pronto será nuestro momento, y entonces las cosas cambiarán.


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